Los andaluces entendemos muy bien la migración, porque sin ella no seríamos lo que somos: los movimientos de población están detrás de nuestra historia, cultura e identidad. Muchas civilizaciones han dejado su huella en Andalucía, desde las tribus del Norte de África hasta los fenicios, los tartesios, los celtas, los griegos, los cartagineses, los romanos, los judíos, los almorávides, almohades, los vándalos, los visigodos,…

Pero desde muy antiguo, también ha habido andaluces que han dejado esta región para viajar a otras tierras, como los marineros que acompañaron a Cristóbal Colón en sus viajes para colonizar partes de Sudamérica y el Caribe; los que huyeron como refugiados durante la Guerra Civil; y, si eres andaluz/a, seguro que tienes un caso en tu familia o tu entorno de alguien que emigró a Cataluña o a Francia a partir de los años 40, buscando mejores perspectivas y condiciones de vida para ellos y sus familias.

La historia se escribe porque el mundo gira… y la migración aporta muchas letras en el relato de nuestra sociedad. Vivimos en un mundo tumultuoso. Guerras, hambrunas, desastres naturales provocados por el cambio climático, crisis económicas, desigualdades de distintos tipos… Las razones que empujan a las personas a migrar son diversas y a menudo complejas. Hay quienes se trasladan a otros países para mejorar su situación económica o para continuar su educación: pobreza y migración van de la mano a menudo. Otras se ven obligadas a abandonar su país para escapar de abusos contra los derechos humanos como la tortura, la persecución, los conflictos armados e incluso la muerte.

En 2016, guerras, persecución y catástrofes causaron el desplazamiento de más personas de sus hogares que en cualquier otro momento de la historia desde la Segunda Guerra Mundial. Unos 65,6 millones de personas en todo el mundo se han visto obligados a abandonar su casa. Eso es igual a toda la población de España, más otros 18 millones de personas. Lo que es más preocupante es que el número de personas desplazadas sigue creciendo.

Para muchas personas, la imposibilidad de llegar a un tercer país por vías legales y seguras les obliga a exponer su vida a múltiples peligros y, aun en el caso de que consigan llegar a un país seguro, pueden ser detenidas o se exponen a actos racistas o xenófobos. Unas 388.000 personas llegaron a Europa en 2015 por tierra o por mar –la gran mayoría venían de países afectados por una combinación de conflictos prolongados, catástrofes naturales y la pobreza extrema; 5.143 murieron en el intento.

Pero todavía hay quienes piensan que “deberían quedarse en su país“, “vienen a quitarnos el trabajo“, “no debemos dejarles pasar porque se cuelan terroristas“, “colapsan la sanidad pública” o “les dan ayudas para vivienda sin trabajar ni nada“.

Con familias deshechas, y problemas para acceder a un empleo o ingresos, refugiados y migrantes son un grupo especialmente vulnerable. Pero no los miremos sólo desde arriba: todo lo positivo que aportan las personas que llegan a Andalucía desde otros países, como sus competencias, recursos y diversidad, les convierte en un valor añadido para nuestra sociedad. Nuestra propia historia es un claro recordatorio de esto.

 

¿Qué hacen las ONGD andaluzas?

El trabajo de las ONGD andaluzas en materia migratoria tiene muchas caras. Fuera de Europa, trabajan en casi 60 países en desarrollo de todo el mundo, apoyando a mujeres y hombres, niños y niñas para que puedan disfrutar de sus derechos en su lugar de nacimiento, como el derecho a la educación, la salud, el agua y el saneamiento, o a un trabajo digno.

En situaciones más extremas de conflicto o desastre natural, las ONGD andaluzas están trabajando para salvar vidas, aliviar el sufrimiento y proteger los derechos de personas afectadas por catástrofes naturales o guerras, además de garantizar su dignidad.

También trabajan en Andalucía, apoyando al colectivo de inmigrantes para insertarse en la sociedad andaluza, proporcionándoles vivienda, apoyo legal, integración laboral y educación. Están en los barrios de nuestros pueblos y ciudades, promoviendo la convivencia y el entendimiento mutuo entre las diferentes personas que componen la sociedad andaluza, rica en pluralismo y diversidad.

Y, por supuesto, denuncian cuando los gobiernos no cumplen los compromisos en este campo. ¿Sabes cuántas personas refugiadas se comprometió a acoger España en acuerdo con el resto de países europeos? Poco más de 17.000. ¿Y sabes cuántas han llegado en casi dos años desde entonces? Apenas 2.000, con el plazo a punto de acabar.

Además, las ONGD creen que es imprescindible que la población esté informada para que sea consciente de la realidad mundial que provoca la migración y pueda actuar para transformar todo lo que la genera. Y lo hacen a través de la educación para el desarrollo, en Andalucía. Para despertar la inquietud y la colaboración de todas las personas sobre el papel que jugamos en el cambio social.

Tú también lo tienes: ERES MILES DE COSAS. ERES COOPERACIÓN.