Si te hablan de “cambio climático”, ¿cómo reaccionas? Prueba a ensayar esta pregunta a tu alrededor, seguro que encuentras respuestas de todo tipo:

  1. Gente que tiene un primo que dice que todo es un invento, se suma a él negando cualquier estudio científico y vive, literalmente, como si no hubiera un mañana. Comprar-tirar-comprar-tirar, dejar el reciclaje para la gente ingenua, mirar el humo de las fábricas embobados, como si fuera una aurora boreal.
  2. Otras personas que aceptan que existe pero que es algo que afecta a sitios muy lejanos, como el hielo del Ártico, las zonas de desierto en África o Asia, los huracanes en Centroamérica… ¿para qué preocuparse, si aquí no va a pasar nada, un poco más calor en verano, quizás, menos lluvias en otoño…? Vamos, soportable.
  3. Y, afortunadamente, quienes van tomando conciencia de que es un fenómeno mundial, de consecuencias globales y que necesita que todas/os pongamos de nuestra parte para no acabar con el planeta.

¿Sabes qué pasaría en Andalucía si el nivel del mar subiera casi un metro? Doñana desaparecería bajo el agua. No podríamos ir como ahora a las playas de Adra, Estepona, Fuengirola, Torremolinos, Conil, Tarifa, Punta Umbría… Capitales como Cádiz, Huelva o Málaga perderían parte de su territorio. Da que pensar, ¿no? Y más si tenemos en cuenta que, al ritmo que vamos, podría pasar de aquí al año 2100.

El ser humano influye sobre su entorno natural más de lo que creemos. Vamos con un ejemplo: en Andalucía, casi el 30% del territorio es desértico, y cuatro de cada diez hectáreas han llegado a esta situación por la acción de las personas.  La deforestación, la erosión o la ganadería y agricultura intensiva (con explotaciones inadecuadas, uso abusivo de fertilizantes y productos químicos…) son algunas de las causas.

Pero no hemos venido aquí a señalar culpables… sobre todo, porque somos a la vez a quienes más afecta y, también, quienes tenemos en nuestra mano frenar el daño constante al planeta en el que vivimos. Lo que en una parte del mundo crea nuevos desiertos, en otro continente se convierte en huracanes o inundaciones. El aumento de las temperaturas derrite el hielo de los polos, ¡y los océanos no entienden de fronteras! Hay causas que parece que no dependen tanto de lo que hacemos (¿o sí?), como la emisión de dióxido de carbono al aire (es lo que hacen las fábricas, a mí no me mires), más de cinco toneladas al año por cada habitante en España. También nos pasamos con nuestra basura tecnológica (¿puede que querer cambiar de móvil cada vez que sale un modelo nuevo tenga que ver con esto?), casi 18 kilos por persona al año.

Y, casi sin querer, hemos dado algunas pistas de nuestro papel para habitar un “planeta sano”, con respeto por sus especies en tierra o mar, en el que el aire pueda respirarse, en el que los recursos para vivir nos duren más allá de dos o tres generaciones. Habrá acciones que dependan de ti, como usar el transporte público, reciclar o consumir de forma responsable (y eso incluye saber qué hay detrás de lo que comes, bebes, vistes o usas en tu día a día, para evitar que su fabricación perjudique al medio ambiente o a las personas que participaron en la cadena); o, si no, depende de normas que deben cumplirse por empresas o administraciones públicas. Y ahí estás tú para presionar a los gobiernos si no lo hacen, para votar de una forma u otra.

¿QUÉ HACEN LAS ONGD ANDALUZAS?

El trabajo de las ONGD andaluzas a favor del medio ambiente está presente en todas sus intervenciones, y puede presentar muchas caras. En su colaboración con casi 60 países de todo el mundo, cada proyecto que sirva para mejorar las condiciones de vida de una comunidad tiene en cuenta su entorno, y busca una relación duradera entre ambas partes (la sostenibilidad, por nombrarlo con una sola palabra). Y no hablamos sólo de agricultura, ganadería o pesca. También nos referimos a la gestión y consumo del agua; al impacto de la actividad industrial; al uso de energías renovables y no contaminantes; a la conservación de las especies vegetales y animales autóctonas de cada región; e incluso a la forma de organizar el turismo que llega a los países en desarrollo, para que no se convierta en una actividad irresponsable con la naturaleza y las gentes de esa región. El medio ambiente está también detrás de muchos desplazamientos forzosos que se atienden desde las ONGD: los desastres naturales y el deterioro gradual del entorno natural obligaron a dejar su casa a más de 24 millones de personas en 2016.

A veces también toca denunciar actuaciones con impacto muy negativo en el Sur. Es lo que ocurre con aquellas grandes multinacionales que arrasan con el entorno en el que se instalan: vertidos a ríos, tala masiva de árboles, emisión de tóxicos… O, a mayor escala, que los gobiernos ignoren lo que prometen que van a cumplir, como el Acuerdo de París por el Clima. Con todo, quienes defienden más directamente el respeto por el planeta son las comunidades de zonas amenazadas, incluso con su vida: más de 200 personas defensoras de la tierra fueron asesinadas sólo en 2016. También es labor de las ONGD denunciar estos asesinatos.

ALGUNOS DATOS:

  • Entre 1880 y 2012, la temperatura media mundial aumentó 0,85 grados. Esto quiere decir que por cada grado que aumenta la temperatura, la producción de cereales se reduce un 5% aproximadamente.
  • Los océanos se han calentado, la cantidad de nieve y de hielo ha disminuido, y ha subido el nivel del mar. Entre 1901 y 2010, el nivel medio del mar aumentó 19 cm, pues los océanos se expandieron debido al calentamiento y al deshielo.
  • Dada la actual concentración y las continuas emisiones de gases de efecto invernadero, es probable que a finales de siglo el incremento de la temperatura mundial supere los 1,5 grados en comparación con el período comprendido entre 1850 y 1900. Los océanos del mundo seguirán calentándose y continuará el deshielo. Se prevé una elevación media del nivel del mar de entre 24 y 30 cm para 2065 y entre 40 y 63 cm para 2100. La mayor parte de las cuestiones relacionadas con el cambio climático persistirán durante muchos siglos, a pesar de que se frenen las emisiones.
  • Las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) han aumentado casi un 50% desde 1990.
  • Si se adoptan medidas tecnológicas y cambios en el comportamiento, aún es posible limitar el aumento de la temperatura media mundial a 2 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales.
  • Se calcula que cada año alrededor de una tercera parte de los alimentos producidos –el equivalente a 1300 millones de toneladas– acaba pudriéndose en los cubos de la basura de los consumidores y los minoristas, o bien se estropea debido al transporte y los métodos de recolección deficientes.
  • Si la población mundial empezara a utilizar bombillas de bajo consumo, se ahorrarían 120.000 millones de dólares anuales a nivel mundial.
  • Si la población mundial llega a los 9.600 millones para 2050, harían falta casi 3 planetas para proporcionar los recursos naturales necesarios para mantener los modos de vida actuales.
  • Más de 1.000 millones de personas todavía no tienen acceso a agua potable.
  • Los hogares consumen el 29% de la energía mundial y, en consecuencia, contribuyen al 21% de las emisiones de CO2 resultantes.
  • En 2013, una quinta parte del consumo final de energía en el mundo procedió de las fuentes de energía renovables.